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Señas desde el silencio hacia la inclusión: historias de venezolanos sordos en Perú

Arnol Piedra *
Servindi

Los migrantes sordos de Venezuela
Los migrantes sordos de Venezuela se enfrentan a una diferente realidad en Perú llena de obstáculos. (Imagen: Servindi)

"Cuando llegué dormí en la Asociación de Sordos, quienes me tendieron la mano durante un mes. No fue fácil para mí, nos tocó pedir dinero en la calle, entregando a la gente papelitos que indicaban que éramos sordos, que no conseguíamos trabajo y que necesitábamos dinero para pagar los servicios y la comida", relata Mary Carmen López, 29 años y oriunda de Barquisimeto, quien llegó a Perú en compañía de su hermana y una amiga sorda.

"Sentí la xenofobia de los sordos peruanos a los sordos venezolanos. Hay pocas oportunidades para nosotros, al principio me costó pero con el tiempo pude adaptarme y empecé a trabajar en un colegio para sordos, en el que duré dos años y medio hasta que llegó la pandemia y tuve que renunciar porque redujeron el salario", manifiesta Javier Ramirez, 38 años y natural de Mérida, un ingeniero y profesor que tiene la particularidad de expresarse a través de la oralidad.

"Las principales dificultades fueron económicas, no tenía donde dormir, me quedé en casa de un amigo sordo cuya familia me apoyó mucho. Estuve trabajando en una pollería. Me tocó luchar hasta que un año después encontré cierta estabilidad, pero la verdad es que no fue nada fácil", expresa Jhon Rodriguez, 25 años y también de Mérida, quien vino solo desde Venezuela y tuvo que abandonar sus estudios de educación física debido a la crisis.

Estos son solo tres testimonios del total de migrantes venezolanos sordos que viven en Perú, cuyo número real se desconoce, aunque ha habido esfuerzos ciudadanos por recopilar información de forma digital. Por ejemplo, Bliomar Requena, del colectivo Hablemos de Señas, contabilizó a unas 90 personas, mientras que Daniel Tarazona, activista de la ONG Mag-Thebay, solo pudo registrar a 27 personas debido a sus limitados recursos económicos. Sin embargo, ambos reconocen que la cifra verdadera probablemente es mayor a 100 y no puede ser calculada porque hay personas sin acceso a Internet.

Estas dos iniciativas buscan realizar las acciones de ayuda necesaria desde sus respectivos frentes: Hablemos de Señas ofrece capacitaciones virtuales a intérpretes y difunde información sobre la comunidad sorda en general; mientras que Mag-Thebay brinda apoyo a personas que necesitan prótesis auditivas específicas gracias a su alianza con la empresa privada y entidades internacionales como Save the Children o la Cruz Roja.

Las cifras oficiales que se tienen a la mano son las de los venezolanos que lograron obtener el Carnet de Discapacidad. Según estadísticas brindadas por el Consejo Nacional para la Integración de la Persona con Discapacidad (Conadis), en Perú hay un total de 42 venezolanos con discapacidad auditiva que han conseguido el carnet de dicha institución, la gran mayoría son personas de entre 18 y 44 años. Posiblemente sean solo un porcentaje muy pequeño de la cifra real.

Sentí la xenofobia de los sordos peruanos a los sordos venezolanos. Hay pocas oportunidades para nosotros, al principio me costó pero con el tiempo pude adaptarme y empecé a trabajar en un colegio para sordos.

Este carnet les brinda a este sector de la población más posibilidades de integración laboral y acceso a diferentes programas sociales del Estado contemplados en la Ley Nº 29973 (Ley General de la Persona con Discapacidad), ya sean de salud, alimentación o vivienda. Esta ley también aplica a los ciudadanos extranjeros que logren acreditar su condición de discapacidad dentro del territorio peruano, mediante el apostillado de los documentos de su país de origen.

Si bien la obtención de dicho carnet parece una primera solución para los venezolanos sordos, el tema se convierte en una barrera para quienes carecen de la documentación necesaria. Actualmente se requiere el Carnet de Extranjería o el Permiso Temporal de Permanencia (PTP) para poder acceder a él, pero el costo de estos documentos y la lentitud de las citas desalientan su obtención. Muchos migrantes se ven obligados a priorizar su subsistencia, pero la ausencia del Carnet del Conadis les impide acceder a un empleo, cayendo así en un círculo sin salida.

De las tres personas sordas entrevistadas, solo Javier no consiguió el carnet debido a la complejidad del proceso y los requisitos. Mary Carmen y Jhon hicieron esfuerzos para obtenerlo. Con o sin carnet los tres lograron trabajar y salir adelante. A pesar de los beneficios del carnet —que algunas veces solo se cumplen en teoría o en el papel—, existen otros obstáculos a vencer en el camino por parte del total de la comunidad sorda venezolana.

* Arnol Piedra es miembro del equipo de Servindi y periodista especializado en temas culturales.



Publicado: octubre 2020

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