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Se necesitan más que armas para matar a un hombre

Horacio Ricardo Silva

En 1915 era fusilado en la penitenciaría de Utah el obrero sueco Joe Hill, militante del sindicato I.W.W y precursor de la canción de protesta en los Estados Unidos.


Joe Hill

Nacido en Gävle el 7 de octubre de 1879 como Joel Emmanuel Hägglund, Joe Hill se crió en el seno de una familia numerosa, que sufrió una tremenda crisis cuando su padre —un obrero ferroviario— murió en un accidente de trabajo. Los niños tuvieron que salir a trabajar para comer y el pequeño Joel, de sólo ocho años, se empleó en una fábrica de sogas hasta que tuvo la edad suficiente —diez u once años— para trabajar paleando carbón en una empresa constructora, donde contrajo tuberculosis.

Cuando murió su madre tenía 22 años y un espíritu inquieto. Junto a su hermano Paul decidieron invertir todo el dinero de la modesta herencia, comprando pasajes para emigrar a los EEUU, donde ingenuamente esperaban hacer fortuna; arribaron a la «tierra prometida» en octubre de 1902.

La realidad los golpeó con extrema crudeza. Sin un centavo, para sobrevivir tuvieron que limpiar escupideras en los bares más turbulentos de Nueva York, por unas pocas monedas. Hartos de esa vida miserable, los hermanos se separaron; Joe salió a recorrer las rutas del país.

En 1906 fue testigo del devastador terremoto que destruyó la ciudad de San Francisco, en California. Sobre ese hecho escribió una crónica periodística, que publicó el periódico de Gävle.

En los siguientes cuatro años llevó una vida errante, moviéndose por las ciudades de la costa Oeste, trabajando en cualquier oficio: minero, estibador, o peón en las cosechas. Durante este período se cambió el nombre, haciéndose llamar Joe Hillstrom.

En 1910, a los treinta años, ya se había formado una opinión sobre la sociedad en que vivía, y de la barrera infranqueable que existía entre pobres y ricos. Por entonces trabajaba como estibador en San Pedro, California, cuando se le acercaron unos activistas obreros, con quienes mantuvo apasionadas conversaciones sobre la manera de luchar contra los poderosos para lograr «derribarlos del caballo».


The I.W.W

Este grupo pertenecía al recién fundado I.W.W. (Industrial Workers of the World, Obreros Industriales del Mundo), sindicato clasista construido por los trabajadores, norteamericanos e inmigrantes, para luchar organizadamente contra el capitalismo. Debido a la dificultad que tenían estos últimos para pronunciar la sigla en inglés, la organización y sus militantes fueron conocidos popularmente con el nombre de «Wobblies».

Joe Hillstrom —que para entonces abrevió su apellido a Hill— se adhirió apasionadamente al I.W.W., participando en las luchas obreras y en la afiliación de nuevos miembros. Al poco tiempo, sus compañeros lo nombraron secretario del local de San Pedro.


The rebel girl

En su tiempo libre hacía música; desde pequeño había aprendido en forma autodidacta a tocar piano, guitarra y violín. Joe Hill se dio cuenta de que una canción alegre y pegadiza era más eficiente que un panfleto, y se dedicó a componer canciones para los obreros en huelga. Así nacieron «Casey Jones, el rompehuelgas del gremio», «La chica rebelde» y «Trabajadores del mundo, ¡despierten!», entre otras.

En enero de 1911 organizó una brigada de wobblies que ingresó clandestinamente a México para luchar contra la dictadura de Porfirio Díaz, atravesando a pie el desierto hasta Tijuana, donde se unió a las columnas anarquistas de los hermanos Flores Magón.

Tras los primeros combates lograron desalojar a las fuerzas porfiristas, y llegaron a fundar comunas anarquistas en Tijuana y Mexicali; pero al poco tiempo fueron vencidos por las tropas de Francisco Madero, tras lo cual debieron replegarse hacia los EEUU.

En 1913 se trasladó a la ciudad de Salt Lake City en Utah, donde se dedicó a organizar a los trabajadores, entre los cuales vivían muchos paisanos suecos.

Pero el 10 de enero de 1914 se produjo un asalto en esa ciudad, en el cual fueron asesinados un comerciante y su hijo. Esa misma noche, Joe Hill se hacía atender de una herida de bala producida en un hecho pasional, aunque se negó a dar el nombre de la mujer involucrada para proteger su identidad, según declaró a la policía.

Encarcelado y enjuiciado, Joe Hill fue condenado a muerte en un oscuro proceso judicial, en el que no se respetaron los procedimientos legales, y a pesar de no haberse podido demostrar su culpabilidad en el doble crimen.

Una vez conocido el veredicto, la I.W.W. inició una fuerte campaña para detener la ejecución, en la que llegaron a interesarse el presidente Woodrow Wilson y la Embajada de Suecia; sin embargo, la sentencia fue confirmada.

En su último telegrama al presidente de la I.W.W, escribió: «Muero como un verdadero rebelde. No pierda el tiempo en luto. ¡Organice!».

Joe Hill fue fusilado por un pelotón en la penitenciaría de Utah, el 19 de noviembre de 1915. Según declaró luego uno de los soldados que lo mató, fue el propio Hill quien dio la orden de disparar.

Sin embargo, el legado de Joe Hill perduró en el tiempo. A un siglo de su muerte, se reconoce la influencia de su música en las composiciones de Woody Guthrie —quien solía alentar con su guitarra las huelgas rurales de los años ‘30—, en algunos temas de John Lennon como «Héroe de la clase obrera», y en toda la obra de Bob Dylan.

La casa de la familia Hägglund en Gävle, es hoy un museo dedicado a su memoria.

Diez años después de su ejecución, el poeta Alfred Hayes lo evocó en un poema, que fue musicalizado por Earl Robinson en 1936, y que la cantante Joan Báez popularizó en el mítico Festival de Woodstock de 1969, con el nombre de «Joe Hill»:

Anoche soñé que vi a Joe Hill
tan vivo como tú y yo.
Le dije: «pero Joe, hace diez años que estás muerto»
«Yo nunca he muerto», dijo él.

«Los patrones del cobre te mataron»
«Ellos te fusilaron, Joe», le dije.
«Se necesitan más que armas para matar a un hombre»,
Dijo Joe; «yo nunca he muerto».

Y parado ahí, tan grande como la vida,
y sonriendo con sus ojos,
me dijo: «los que ellos olvidaron matar,
salieron a organizar».

«Joe Hill no está muerto, me dijo,
«Joe Hill nunca murió».
«Allí donde los trabajadores estén en huelga,
Joe Hill estará a su lado».

«Desde San Diego, hasta el Maine,
en cada mina y en cada lugar de trabajo,
donde los trabajadores defiendan sus derechos,
allí encontrarás a Joe Hill», dijo él.



Publicado: febrero 2020

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