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Nuevas formas de hacer política-nuevos intereses populares-nuevos paradigmas

Claudia García
LatiCe

Está claro que existe una nueva forma de hacer política en Latinoamérica y que esta forma refleja intereses populares diferentes. Pero ¿de qué manera los analistas sociales han variado sus enfoques teóricos al considerar a los movimientos sociales?

En la década de 1970 se consideraba que los movimientos sociales eran activismos tendientes a lograr objetivos políticos por medio de la formación de contraculturas a la sociedad global (los movimientos de mujeres, grupos indígenas, homosexuales, grupos étnicos, jóvenes). Dos perspectivas de análisis se utilizaban entonces: la estructural-funcionalista y las del interaccionismo simbólico. Para los estructural-funcionalistas la conducta colectiva era un fenómeno espontáneo, de corta vida y generado por creencias compartidas y que necesitaba de ciertas condiciones estructurales (por ejemplo un grado de tensión social) para darse. Era necesario también que existiesen creencias generalizadas que proporcionaran sentido, motivación y orientación a los actores potenciales de la conducta social. Si la tensión social creaba ambigüedad dichas creencias generalizadas las reducirían preparando a la gente para el accionar en conjunto. La idea de que los movimientos sociales son respuesta a la tensión social es problemática porque no considera el contexto político amplio en que estos surgen. El interaccionismo simbólico, por su parte, reflexionaba acerca de las conductas colectivas elementales enfatizando en la comunicación y la racionalidad como elementos básicos de todo movimiento social.

A partir de 1980 las formas de protesta y movilización social sufrieron una transformación importante. Los actores tradicionales de la movilización social, la clase trabajadora y la vanguardia revolucionaria, fueron reemplazados por personas corrientes, que unidas por lazos de solidaridad y por el objetivo de generar cambios en la sociedad, comenzaron a involucrarse colectivamente en los asuntos nacionales por medio de la acción coordinada. La protesta social en Latinoamérica comenzó a caracterizarse por la emergencia de un amplio espectro de actores sociales y de nuevas prácticas de hacer política para defender nuevos intereses populares, a veces a nivel local, y otras nacional o transnacional. Y, aunque el estado continuó siendo el referente principal para la mayor parte de los movimientos sociales, la relación entre estado y movimientos sociales también es diferente. La mayor parte de los movimientos sociales comenzaron a autodefinirse a partir de sus acuerdos y/o discrepancias con el estado. O, simplemente, distanciándose del estado y estableciendo ámbitos de autonomía.

En 1980 hay por lo tanto un cambio de paradigma. El interaccionismo simbólico y la teoría estructural-funcionalista son reemplazados por la más moderna teoría de la construcción social. Comienza entonces a darse prioridad a las dimensiones cognitivas de la motivación y a la forma de reclutar participantes para los movimientos sociales. Se enfatiza en el rol de las redes y en la organización como canales propios de la acción colectiva.

Otra de las propuestas de la perspectiva de la construcción social es analizar a la protesta social en niveles múltiples. Se propone así explorar las transformaciones en la conciencia social por medio de examinar el discurso público, a nivel de la sociedad, la comunicación persuasiva, en el nivel interactivo, y la emergencia de la conciencia, a nivel individual. Estos niveles son interdependientes unos de los otros, porque originan las creencias colectivas sobre los movimientos y sobre sus expectativas de éxito. Se resalta también el rol que juegan los medios en la creación, supervivencia o destrucción de las definiciones colectivas de una situación social, y asimismo, de las identidades colectivas asociadas a la misma. Por comunicación persuasiva se entiende a las formas contestatarias de las políticas simbólicas que interactúan con el discurso de los medios para crear un consenso de movilización.

Más recientemente ha adquirido relevancia, especialmente entre los analistas e investigadores europeos y latinoamericanos., la perspectiva de los nuevos movimientos sociales que al enfocar en la creación de identidades contribuye a explicar las prácticas y formas de organización que impulsan y ponen en marcha los activistas para responder a la explotación que sufren de parte de las fuerzas económicas de la globalización. Se da prioridad al estudio de las formas de acción basadas en políticas, ideologías y culturas, así como en las identidades étnicas, de género o sexuales que impulsan la acción colectiva.

Se considera que los aspectos privados e íntimos de la vida social se han politizado. Por eso suele decirse que los nuevos movimientos sociales se guían por la idea "lo personal es político". Y, por eso, exigen reformular la moral de la vida social y, a la vez, reactualizar cuestiones existenciales fundamentales como la relación con la naturaleza, los dilemas de la reproducción, la búsqueda de formas cooperativas de la vida social y el sentido básico del ser humano. Estas formas nuevas de hacer política, aunque se generan en el nivel micro de la identidad personal, afectan a otras áreas en otros niveles.

Se resalta, también, la importancia de las identidades colectivas en la protesta social. Se reconoce de esta manera la fluidez y multiplicidad de las identidades en la época moderna. Por eso se enfoca en el rol de las formas simbólicas y culturales de la resistencia y se explora la creación de nuevas identidades, sentidos, signos y símbolos.

Los nuevos movimientos sociales no buscan ganancia económica, poder o control sino más bien autonomía y democratización. Para los nuevos movimientos sociales la organización es menos un elemento estratégico que una expresión simbólica de los valores del movimiento y las identidades de sus miembros. Se argumenta a favor de un sistema global alternativo caracterizado por la igualdad, la dignidad, el bienestar, etc. Otra cosa a destacar es que en los nuevos movimientos sociales el poder no está centralizado sino distribuido por todas partes.

La teoría de los nuevos movimientos sociales explica los "por qué" de la movilización. Y explora como actúan los diversos actores sociales en el espacio político, asimismo, las prácticas políticas nuevas. Esta perspectiva se interesa en especial por la transformación en las estrategias (de resistencia a protesta y, posteriormente, a la propuesta política), lo que se relaciona íntimamente con la formulación de identidades colectivas, siendo éstas precisamente el interés específico de esta perspectiva. Laclau y Moffe, por ejemplo, presentan un sistema teórico según el cual las prácticas colectivas propias a la protesta social pueden ser comprendidas como procesos tendientes a conformar identidades colectivas. Estos enfoques se centran en la construcción de las identidades y hacen énfasis en los procesos por los cuales los actores sociales conforman sus identidades colectivas como una forma de crear espacios democráticos para garantizar espacios más autónomos de acción. Una de las limitaciones que puede presentar esta perspectiva es que, al dar prioridad a la exploración de ciertos aspectos de la protesta social, no considera suficientemente sus efectos a nivel de la vida cotidiana.

Una última perspectiva es la de los estudios culturales que pretende iniciar el análisis sistemático de las conexiones entre la cultura y la política. En este sentido se propone considerar cómo las prácticas culturales cotidianas constituyen un ámbito de expresión de las prácticas políticas. Se entiende que cultura no es una esfera sino una dimensión de todas las instituciones, económicas, sociales y políticas. Cultura es un conjunto de prácticas materiales que constituyen significados, valores y subjetividades. La legitimación de las relaciones sociales desiguales y la lucha por transformarlas son los objetivos centrales de las políticas culturales. Por eso se interpreta a las políticas culturales como el proceso originado cuando las diferentes prácticas y significados culturales de un colectivo de actores sociales entra en conflicto con las de otros actores sociales. La cultura es política porque los significados son constitutivos de procesos que buscan redefinir el poder social. Es decir, cuando los movimientos sociales manifiestan concepciones alternativas a las dominantes en cuanto a mujer, naturaleza, raza, economía, democracia o ciudadanía están llevando a cabo políticas culturales.

Según la perspectiva de estudios culturales de los nuevos movimientos sociales (representada por Arturo Escobar y Sonia Álvarez) la presencia y la lucha de los movimientos reformulan la ciudadanía sociopolítica de los actores sociales porque la lucha de la gente tiene el fin de lograr el reconocimiento social de su existencia, asimismo, garantizar espacios autónomos de expresión. Una concepción alternativa de ciudadanía partiría de considerar que las luchas democráticas comprenden una redefinición no sólo del sistema político sino también de las prácticas económicas, sociales y culturales que generan el orden democrático de la sociedad. Referirse a los movimientos sociales en términos de identidades sociales es una nueva forma de pensar y conceptuar. La acción social pasa a ser resultado de procesos sociales complejos en los que estructura y agencia interactúan de diversas maneras y en la que los actores producen significados, negocian y toman decisiones. El impacto de los movimientos sociales en la democratización de la vida política, social, económica y cultural es particularmente importante en relación con la vida cotidiana porque es en este nivel que emergen la mayor parte de las formas de protesta y también es en este nivel que ejercen su acción e influencia. La cuestión de la estrategia se relaciona con la forma en que los actores sociales construyen una identidad colectiva para sí mismos, a menudo a partir de roles y posiciones conflictivos.

Se considera que los nuevos movimientos sociales son ámbitos específicos de reflexión acerca de un orden social alternativo y, por eso, ejercen un papel importante tanto en su organización como en su funcionamiento las reflexiones, los pensamientos y la conciencia de los sujetos sociales de la movilización. El proceso de reflexión y análisis propio a todo movimiento social es dual porque enfoca hacia la sociedad, o hacia ciertos aspectos de ella, así como en torno a su propia organización y funcionamiento. Los procesos reflexivos generan procesos de aprendizaje colectivos que derivan en la creación de identidades colectivas, que son circunstanciales e históricas, a la vez que creaciones concientes, originadas en los pensamientos de aquellos que se encuentran abocados a la tarea de transformar el orden social.

Fuentes:

Alvarez, Sonia, Evelina Dagnino y Arturo Escobar (editores). 1998. Cultures of Politics Politics of Cultures. Re-visioning Latin American Social Movements. Boulder/ Oxford: Westview Press.

Brecher, J; Castello T y B, Smith . 2002. Globalization from Below: the Power of Solidarity. Cammbridge: South End Press..

Escobar, Arturo y Sonia Alvarez. 1992. "Introduction: Theory and Protest in Latin America Today". En The Making of Social Movements in Latin America, Identity, Strategy and Democracy. Boulder/San Franisco/Oxford: Westview Press..

Klanderman, Bert. 1992. "The Social Construction of Protest and Multiorganizational Fields" en Frontiers in Social Movements Theory editado por Aldon D. Morris y Carol McClurg Mueller. New Haven:Yale University Press..

Laclau, Ernesto y Chantal Mouffe 1985. Hegemony and Socialist Strategy. London: Verso..

Melucci, Alberto. 1980. "The New Social Movements" Social Science Information Vol. 19 No. 2, pp.199-226..

Publicado: junio 2009

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