El viernes 15 de mayo en Estocolmo, LatiCe organizó la proyección del documental «Una y mil veces» del director argentino Ernesto Fontán.
Aquella tarde, la sala no fue un simple espacio de exhibición, sino un refugio de memoria viva y profunda emoción.
A medida que avanzaban los minutos, la propuesta visual y humana de Fontan caló hondo en los asistentes. La gran pregunta que recorre la película resonaba en cada rincón del espacio: «Después de tanto tiempo, dolor y distancia… ¿lo volverían a hacer?».
Al encenderse las luces, un aplauso cerrado dio inicio a un debate posterior verdaderamente sanador. La ronda de preguntas se transformó rápidamente en un espacio de hondas reflexiones colectivas sobre el exilio, la resistencia, el valor de la solidaridad y la necesidad de las nuevas generaciones de sanar y entender la historia.
Fue una jornada inolvidable que dejó un sentimiento unánime de profunda gratitud. Por ello, queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a todas las personas, autoridades e instituciones que unieron esfuerzos para hacer posible este encuentro:
- A Ernesto Fontán, director de la película, por su enorme sensibilidad para rescatar del olvido esta gesta histórica y por acompañarnos con su mirada creadora.
- Al Sr. Carlos Gitto, Embajador de Uruguay, y al Sr. Juan Pablo Tagliafico, primer secretario de la Embajada de Uruguay, por honrarnos con su destacada presencia y continuo respaldo institucional.
- Al Sr. David Roblejo, segundo secretario de la Embajada de Cuba, por acompañar este espacio reafirmando los lazos históricos de solidaridad.
- Al grupo de trabajo de LatiCe, por su dedicación y gestión impecable.
- A Rebeca Ferrer, por tender puentes con su valiosa interpretación simultánea.
- A José Pommerenck, integrante del grupo de producción de la documental
- A Mauro Marrero Paller, por su gran labor en la producción gráfica y la distribución.
- A Elena Quiñonez, por la exquisita elaboración del tradicional gallo pinto, que trajo los sabores y la calidez de la tierra nicaragüense a nuestro encuentro
- A Solidaritetshuset, por habernos proporcionado su cálido local y por la difusión de la actividad.
- Y, por último, a todos los que nos acompañaron en esta jornada, aportando su presencia, sus preguntas y su sensibilidad.
Gracias a cada uno de ustedes por regalar una tarde reparadora donde el cine demostró ser, una vez más, una herramienta poderosa para mantener encendida la llama de la memoria histórica de los pueblos.
